Todo lo que debes saber sobre el cultivo de la cúrcuma

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Todo lo que debes saber sobre el cultivo de la cúrcuma
Todo lo que debes saber sobre el cultivo de la cúrcuma

La cúrcuma es una planta aromática que, como ya sabemos, va mucho más allá de su simple uso como condimento alimenticio, y es que es una especia que ayuda a mejorar la salud de partes tan importantes de nuestro organismo como el hígado, el corazón, las articulaciones, además de considerarse una herramienta muy saludable para luchar contra el cáncer.

Todos, sin excepción, deberíamos aumentar el consumo de este condimento básico para la salsa del Curry, tan popular en la India y cada vez más en los países occidentales. ES por esto que escribimos este pequeño artículo para que todos, en cualquier rincón de nuestras casas, podamos cultivar este “azafrán indio” que tanto sabor y salud proporciona a los que lo consumen.

Pero antes de ofrecer una guía útil para el cultivo de la cúrcuma, cabe señalar sus características físicas para que podamos diferenciarla claramente. La cúrcuma es una planta perenne, que puede llegar a medir hasta un metro de alto, con una raíz tuburosa, que es donde se encuentra, precisamente, la parte medicinal de la cúrcuma. Tiene hojas grandes, agudas y ovaladas, de un color verde claro y que salen directamente del suelo. Las flores, por su parte, pueden variar entre blanco, amarillo pálido e incluso púrpura, según la variedad que tengamos.

Consejos para cultivar la cúrcuma

No importa si tenemos un gran terreno o si vivimos en un pequeño piso, ya que la cúrcuma o tumérico puede ser plantada directamente en el suelo o en maceta, pero sí que es interesante que todos en nuestras respectivas casas busquemos un lugar apropiado para cultivar nuestra propia medicina, con lo que además de la gratificación que siempre ofrece la jardinería a nivel físico, mental y espiritual, también encontraremos un buen puñado de propiedades medicinales para cuidar nuestro organismo.

Y es que en esta planta se han encontrado más de 600 usos medicinales, entre los que cabe destacar, además de los ya mencionados al principio de este texto, su acción antinflamatoria, con grandes propiedades antisépticas y antibacterianas.

Así que pocas son las dudas para comenzar a introducirnos en el cultivo de la cúrcuma, algo muy sencillo de hacer, pues es una planta muy resistente. Al ser una planta que no produce semillas, debemos realizar los cultivos a partir del rizoma, es decir, de su raíz.

Como primer consejo, decir que debemos buscar un trozo de este rizoma de alguna cúrcuma que sea ecológica u orgánica, para comenzar con nuestro cultivo estando seguros de que tenemos una planta sana, sin productos químicos que hayan podido alterar su estructura y su futura formación.

Al elegir la cúrcuma, debemos asegurarnos de que el rizoma tenga, como mínimo, una yema, pues será a partir de esta desde la que crecerá el resto de la planta. La Cúrcuma tiene un crecimiento activo desde la primavera hasta finales de verano, entrando en descanso vegetativo durante todo el otoño y el invierno. Si la adquirimos durante este periodo, debemos dejar el rizoma en un lugar seco y fresco, con temperaturas medias de 17 ºC, y será en primavera cuando aparezcan los brotes o yemas. En este periodo las temperaturas no deben superar los 35 ºC para no perjudicar su crecimiento.

Para cultivar esta planta en exteriores, lo más recomendable, deberemos plantar el rizoma en primavera, con temperaturas más cálidas, evitando el riesgo de las heladas. También deberemos cuidar que tenga una buena y constante exposición a la luz, pero evitando la luz directa del sol.

Necesita de un suelo compuesto a base de turba, mantillo de jardín y arena para que el suelo drene bien. Si la cultivamos en maceta, esta debe ser grande, puesto que el rizoma tiene un crecimiento en todas las direcciones y bastante amplio. En cuanto a la necesidad de agua en las épocas de más calor, es aconsejable que el terreno se mantenga húmedo, pero sin encharcamientos, es decir, humedecer el entorno con frecuentes nebulizaciones, imitando la zona tropical de la que es originaria. Sin embargo, en otoño, hay que dejar de realizar cualquier aporte de agua, y dejar que las hojas se sequen completamente. En primavera, cuando vuelva a brotar, se volverá a regar.

Cuando decidamos darle un aporte de abono, que se suele realizar cuando se forman los primeros brotes y hasta el amarilleo de las hojas de forma regular cada dos semanas, debemos incluir macroelementos, como el nitrógeno, el fósforo, el potasio, y microelementos, como el hierro, el manganeso, el cobre, el zinc, el boro, el molibdeno y el magnesio.

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